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La Cueta de Babia, a
1.460 metros de altitud, es el pueblo más elevado de la provincia de
León. Al oeste, muy cerca, la aldea del Puerto de Leitariegos fue, hasta
muy avanzada la Edad Media, el poblado estable más alto de España. Entre
uno y otro lugar están todos los valles de cabecera de la cuenca del Sil.
El río Sil, propiamente dicho, nace unos seis kilómetros valle arriba de
La Cueta, entre los pastizales o puertos de Cuetalbo, justo al pie de la
Peña Orniz (2.191 metros). |
A unos ocho kilómetros
aguas abajo de La Cueta, el Sil discurre por las cercanías de Piedrafita
de Babia, visible en la fotografía al borde de la Veiga Chache, una de
las grandes llanuras del valle del Luna. En medio de este paraje, en
apariencia totalmente plano, ocurre la separación de las cuencas
hidrográficas del Duero y del Sil-Miño. Por el desfiladero visible en
primer término (cañón de Las Palomas - Penadereita), el Sil se hunde
hacia el Valle de Laciana y la fosa del Bierzo. Y el río Luna, nacido en
las montañas nevadas de la derecha, fluye por Babia adelante hacia la
meseta y el Duero. |
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Definida la red fluvial a finales del terciario, para nuestra era quedó
pendiente que el Sil, ágil zapador merced al fuerte desnivel entre los
heleros de la Cordillera (2.000 metros) y la cercana fosa del Bierzo
(700 metros), completara su labor excavadora. El más abrupto tramo del
cauce discurre por la Babia Alta y a la entrada del valle de Laciana. En
la fotografía superior derecha, a lo lejos, se aprecia el pueblo de
Piedrafita de Babia sobre la Veiga Chache, la primera gran planicie en
el curso del río Luna. En estos parajes, las cabeceras del río Sil en
continuo retroceso completaron la última fase de lo que los geólogos
llaman "la captura de las aguas de la Babia Alta". Al excavar el
desfiladero que aparece en primer término (en el Puente de Las Palomas y
bajo Penadereita), el caudal que incialmente bajaba de los puertos de La
Cueta y tomaba rumbo al Duero por la meseta, fue atrapado hacia el valle
de Laciana para discurrir hacia El Bierzo y al Atlántico por los cañones
tectónicos del Sil-Miño.
El
esplendoroso paisaje de estos valles vecinos de Babia y Laciana sorprende
al observador y el pasmoso contraste entre ambos acrecienta la belleza
del conjunto. Babia es un país de peñas blancas, viveros de
hielo, laberinto de puertos, lagunillas, tajos, dolinas, cavernas y
corrientes subterráneas. Sus oreadas alturas están tapizadas por
resistentes enebros y gayubas y por inmensos pastizales. Sus "puertos"
excelsos son meta veraniega para rebaños de ganado trashumante y dominio
de rebecos, lobos y grandes rapaces.
En Laciana, sin embargo, por los flancos vertiginosos y
umbríos, torrentes atropellados y rumorosos atraviesan bosques
impenetrables de variedad y mezcolanza portentosa: avellanos,
majuelos, fresnos, alisos, tilos, arces, robles, hayas, cerezos,
acebos, serbales, mostajos, tejos y, en lo alto, valientes
abedules ejerciendo de vanguardia colonizadora. Las espesuras del
valle de Laciana, junto con las de Somiedo, Narcea, Degaña y
Palacios del Sil, cobijan los últimos cantaderos de urogallo y la
mayor población viable de osos pardos de Europa occidental.
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Buenverde,
perteneciente a Villager de Laciana, es un ejemplo arquetípico de braña.
A 1.560 metros de altitud, tiene pastos y agua abundante y la rodea un
bosque vigoroso bosque de abedules, serbales, acebos y otras especies.
Al fondo, el pueblo de Caboalles de Abajo está a una cota 500 metros
inferior. |
Hasta bien entrado el
siglo XX, estos valles vivieron de la ganadería porque así
lo impuso la condición natural del territorio. El relieve y
la crudeza del invierno forzaron a utilizar los pastos según
las estaciones y los niveles, mediante un sistema de
trashumancia corta entre cada pueblo y su
braña. Las brañas, entre los
1.300 y 1.600 metros de altitud, son áreas con abundante
pasto y agua, que reúnen un conjunto de heredades ganaderas
y edificaciones llamadas cabanas.
Existe un régimen de
propiedad individual para cabanas y prados colindantes y de
propiedad comunal para el resto de montes y bosques. Aún a
mayor altitud los pastizales de diente,
los llamados "puertos", fueron
desde la Baja Edad Media meta veraniega para enormes rebaños
trashumantes llegados a través de Cañadas Reales, Cordeles y
Veredas.
Entre 1850 y 1918, el valle de
Laciana (municipio de Villablino) mantenía una
población de hecho en torno a las 2.900 almas. La
propiedad de los mejores prados y tierras estaba
concentrada en manos de algunas familias de
profesionales del derecho, el comercio o la
industria, residentes en León, Madrid u otras
capitales desde varias generaciones atrás. La
apurada economía familiar se basaba en la
ganadería. La exigua liquidez provenía de la venta
de algún ternero, el comercio con mantecas y carnes
curadas de vaca y cerdo (llevado a cabo por medio de
los arrieros que viajaban a Madrid), el
suministro de leche a las cooperativas mantequeras
que florecieron especialmente a finales de aquel
siglo y poco más. Los recursos naturales eran
limitados y la tasa de crecimiento intrínseca se
compensaba con la emigración a las ciudades y al
continente americano.
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En 1917, el censo de población del
municipio de Villablino (valle de Laciana)
contabilizaba 2.400 habitantes. Fue entonces cuando
la
construcción del ferrocarril entre Ponferrada y
Villablino y el desarrollo de la minería originó una
repentina y caudalosa inmigración que no dejó de
crecer hasta 1960. El censo alcanzó entonces la
cifra de 16.000 personas. En adelante, las crisis se
sucedieron y desde 1990,
con la generalización de las explotaciones a cielo
abierto y el abandono de la minería tradicional, la
población inició un rápido declive.
El descenso demográfico se mantiene
ahora inexorable y tiende a buscar un punto de
equilibrio acorde con las posibilidades de un país
de montaña, alejado de los centros
industrializados, donde la minería del carbón no fue
más que un breve y extraño episodio. Las futuras
oportunidades de actividad económica habrán de
volver a fundamentarse
en el capital
natural cuya riqueza paisajística, calidad biológica
y diversidad siguen siendo excepcionales a pesar del
gravísimo daño sufrido durante los últimos años.
Villablino podría estar llamado a ser, junto con
Cangas de Narcea, centro residencial y de servicios
para el tramo de la Cordillera que incluye los
Parques Naturales de Narcea, Somiedo y Babia.
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