| La explotación -
devastación del territorio Red Europea Natura
2000 LIC- Reserva Mundial de la Biosfera
de los valles leoneses de Laciana y Babia Alta progresa de
forma sistemática, desde los recientes años 90, en contra de las
advertencias, dictámenes motivados y demandas de la Comisión Europea y a
pesar de las repetidas sentencias de los tribunales de justicia
españoles. El siguiente mapa muestra las áreas arrasadas o en trance de
ser devastadas. Sobre una franja del orden de 30 kilómetros de longitud
y unos 3 km. de anchura, todos los montes, por encima de la cota 1.300,
son descarnados, triturados mediante voladuras y reconvertidos en
escombreras. |
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El yacimiento aflora al norte de la falla
que coincide con los cauces del río de La Magdalena (desde El Villar de
Santiago a Rioscuro) y el de Caboalles (desde la Collada de Cerredo a
Villablino). La parte del yacimiento cuya explotación es rentable, se
encuentra por encima de los 1.300 metros de altitud. Por esta causa,
todas las montañas son desmochadas sistemáticamente y, una vez extraído
el carbón, se convierten en vertederos. Lo que originalmente eran
terrenos con estratos consolidados durante millones de años y con
depósitos y corrientes de agua bien definidas que discurrían por cauces
bien lavados, ahora son colosales basureros donde, además de la roca
triturada, permanecen toneladas de materiales extraños y tóxicos
generados durante los procesos de explotación. Todos los almacenamientos
subterráneos y manantiales que había en el territorio arrasado,
desaparecen. En adelante, las aguas de lluvia o deshielo causan
profundas cicatrices en superficie y penetran en la masa informe y
contaminada para surgir próximas a los pueblos y terminar en los ríos.
Ni siquiera es efectivo el maquillaje con
que se pretende ocultar a la vista el daño causado, ya que las
explotaciones ocurren a gran altura, entre valle y valle, y los
gigantescos e inestables vertederos tienen una gran pendiente. A medida
que pasan los años (como ya ocurre en la vieja explotación de
Leitariegos y en infinidad de escombreras), el vigor del matorral de
piornos y urces colabora a maquillar la superficie de modo que el
observador más ciego (que es aquel que no quiere ver), desde la lejanía
y en primavera puede apreciar lo que le conviene. |